

El término orgánico se origina del latín organicus, que significa “que puede vivir”, es derivado del griego organón “instrumento, herramienta, útil«.
Según la Comisión del Codex Alimentarius de la FAO (Organización para la alimentación y la agricultura), la agricultura orgánica se define como:
“Un sistema global de gestión de la producción que fomenta y realza la salud de los agroecosistemas, inclusive la diversidad biológica, los ciclos biológicos y la actividad biológica del suelo. Esto se consigue aplicando, siempre que es posible, métodos agronómicos, biológicos y mecánicos, en contraposición a la utilización de materiales sintéticos, para desempeñar cualquier función específica dentro del sistema«.
Por otra parte, la asamblea general de la IFOAM (Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica) en junio 2008, definió así la agricultura orgánica:
La agricultura orgánica es un sistema de producción que mantiene y mejora la salud de los suelos, los ecosistemas y las personas. Se basa fundamentalmente en los procesos ecológicos, la biodiversidad y los ciclos adaptados a las condiciones locales, sin usar insumos que tengan efectos adversos. La agricultura orgánica combina tradición, innovación y ciencia para favorecer el medio ambiente que compartimos y promover relaciones justas y una buena calidad de vida para todos los que participan en ella.
Para la Unión Europea, en su nuevo reglamento (2018/848) aprobado el 30 de mayo de 2018 pero aplicado a partir de 2022, la agricultura orgánica se define así:
La producción ecológica es un sistema general de gestión agrícola y producción de alimentos que combina las mejores prácticas en materia de medio ambiente y clima, un elevado nivel de biodiversidad, la conservación de los recursos naturales y la aplicación de normas exigentes sobre bienestar animal y sobre producción que responden a la demanda, expresada por un creciente número de consumidores, de productos obtenidos a partir de sustancias y procesos naturales. Así pues, la producción ecológica desempeña un papel social doble aprovisionando, por un lado, un mercado específico que responde a una demanda de productos ecológicos por parte de los consumidores y, por otro, proporcionando al público bienes que contribuyen a la protección del medio ambiente, al bienestar animal y al desarrollo rural.
De hecho, su definición e implicaciones van más allá como lo pueden comprobar aquí: https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/HTML/?uri=CELEX:32018R0848
La ley chilena Ley N°20.089 define la agricultura orgánica de esta manera:
Artículo 2º.- Para los efectos de esta ley, se entiende por «productos orgánicos agrícolas» aquellos provenientes de sistemas holísticos de gestión de la producción en el ámbito agrícola, pecuario o forestal, que fomenta y mejora la salud del agroecosistema y, en particular, la biodiversidad, los ciclos biológicos y la actividad biológica del suelo.
En el fondo, la agricultura orgánica debería ser agroecológica y la agricultura agroecológica debería ser orgánica, pero no es siempre el caso.
La principal diferencia, es que la agricultura orgánica sigue reglas y procesos que son fiscalizados cada año mientras que la versión agroecológica, no existe hasta el momento, una definición clara de lo que es.
Por ejemplo, la agricultura orgánica utiliza solamente productos renovables, que tienen un proceso industrial no contaminantes, y cuyos ingredientes son de origen certificada orgánica. En el caso de la versión agroecológica, puede ser que unos elementos correspondan a la norma orgánica y otros no. Por ejemplo, en la preparación de biol, que es un fertilizante que incorpora leche, esta leche tiene que venir de animales que sean o certificados o considerado por su modo de producción equivalente a orgánicos. Un productor orgánico tomará entonces todas las precauciones para garantizar el origen y trazabilidad de cada ingrediente, lo que no es necesariamente el caso para un productor agroecológico. Al inversor, tener un campo de 200 ha con un monocultivo es autorizado en la agricultura orgánica, mientras que es un modo de producción incompatible con la agroecología.
Si al origen, las reglas de la agricultura orgánica eran muy agroecológicas, a medida que se desarrolló el mercado y entraron actores con grandes poderes económicos, se ablandaron las reglas para permitirles entrar en este sistema de producción. Sin embargo, hay sellos de agricultura orgánica que se mantuvieron firmes con el reglamento inicial, pero no son necesariamente reconocidos a nivel internacional.
Como organización gremial, de pequeños y medianos productores, estamos enfocados a una producción agroecológica que va más allá que la simple certificación orgánica que tenemos.
La agricultura orgánica o ecológica es aplicada desde el nacimiento de la agricultura, pero su conceptualización y popularidad tiene un siglo, a la par con el inicio de la agricultura química, mecanizada y agroindustrial.
En 1920 comienza en Europa una lucha en contra del grupo de poder del movimiento químico; posteriormente, en 1924 se expresaron los principios de una agricultura basada en un criterio idealista (quizás demasiado para entonces).
Estos principios de la agricultura orgánica estaban directamente en contra del uso de fertilizantes químicos. El argumento fue «porque matan a la tierra y a los microorganismos del suelo«. En su lugar recomendaban el uso de composta y abonos preparados, utilizando para ello sustancias vegetales susceptibles de jugar un papel biocatalizador importante.
En resumen, el movimiento orgánico a nivel internacional se ha desarrollado en cuatro períodos bien definidos:
Este primer periodo estuvo caracterizado por ser una fase de lucha y dificultades financieras. Después de la Segunda Guerra Mundial el aporte de materia orgánica fermentada fue esencial en la fertilización de cultivos; se recurrió a fertilizantes orgánicos en lugar de químicos estabilizando así el equilibrio biológico y la fertilidad del suelo.
Este periodo se caracterizó por un incremento significativo en los productos orgánicos disponibles. Se establecieron los símbolos y esquemas que representarían durante mucho tiempo el movimiento orgánico internacional.
En 1972 se constituyó en Francia la IFOAM (Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica), con el objetivo de poner en evidencia los efectos desastrosos de la agricultura química e instituir sobre la importancia de la agricultura biológica.
Se inicia el proceso de definiciones de los reglamentos legislativos nacionales e internacionales para regir y fiscalizar la producción orgánica: EEUU y Canada al final de los años 90, en Unión Europea..)
La agricultura orgánica gana presencia y aceptación a nivel mundial e internacional. Suiza, Dinamarca y Alemania estimulan a los productores a adoptar sistemas de agricultura orgánica a través de subvenciones, de apertura a mercados internos como la comida en las escuelas y municipios, de acuerdos a nivel de cuenca hidrográfica entre productores y municipios (Munich, por ejemplo). Mientras que la agricultura orgánica se desarrolla y crece en la mayor parte de los países europeos, en Estados Unidos y empieza su aparición en los países del Sur. El número de países que elaboran leyes y reglamentos para regir la agricultura orgánica sigue aumentando.
Se empieza a desarrollar investigación sobre nuevos productos, análisis de componentes para mejorar la producción así como estudios de salud pública sobre los beneficios generados por el consumo de productos orgánicos.
La agricultura orgánica, sigue ganando terreno a tal punto que las cadenas de supermercados venden parte de su producción y hasta crean una cadena enfocada en un 100% a productos orgánicos.
Las investigaciones a nivel mundial permiten entender y demostrar muchos procesos, llegando a la producción de una gran gama de productos de alta calidad y hasta de alta tecnología.
Investigaciones sobre la salud demuestran y confirman ampliamente los beneficios tanto de la producción como de productos transformados bajo la certificación orgánica.
Se crean y se desarrollan maquinarias que sean manuales, de tiro animal o mecanizadas enfocadas a prácticas orgánicas.
Mientras la agricultura química es responsable de la caída de la biodiversidad y en un 30% de las emisiones de gases a efectos invernaderos que genera el cambio climático que vivimos, resultados de investigaciones así como de instituciones nacionales internacionales como la FAO reconocen que la agricultura orgánica es la opción que hay que promover y es urgente facilitar la transición de la agricultura agroindustrial hacia una agricultura orgánica lo antes posible.
La agricultura orgánica contempla aspectos ecológicos, técnicos, económicos y sociales que permiten tener una producción de alimentos sustentable.
Es gracias a la interacción de estos factores que se logra la conservación de los recursos naturales, además de la diversidad biológica y cultural para las futuras generaciones.
Para que un producto sea considerado realmente como orgánico debe estar certificado, garantizando así que lleva un proceso estrictamente orgánico. La agricultura orgánica se fundamenta en los siguientes principios y en apego a ellos se certifican las fincas:
La agricultura orgánica presenta una serie de características siguientes:
